Después de una tragedia como la que han sufrido nuestros hermanos latinoamericanos, en Haití y en Chile, vale la pena reflexionar acerca de cuál es nuestro papel como educadores, es decir, la responsabilidad que tenemos quienes nos dedicamos a la educación, como es el caso de nosotros, maestros, y asimismo los padres de familia.
Cuando en el Alexander Bain hablamos de educación de calidad no nos referimos exclusivamente al aspecto académico sino, sobre todo, a la formación de seres con una gran calidad humana. Pues serán nuestros alumnos quienes más adelante logren que todos los mexicanos podamos vivir dignamente en nuestro país.
Cuando hablamos de la palabra “solidaridad”, ¿qué nos evoca ésta? Para la comunidad educativa Alexander Bain significa despertar un sentimiento de hermandad hacia otros individuos; en primera instancia hacia quienes tenemos cerca, es decir, nuestros amigos y compañeros. Pero más allá de eso implica educar con valores de justicia y empatía, de modo que seamos realmente solidarios con quienes en una sociedad injusta tienen muchas carencias.
En realidad no se puede ser hermanos sin ser iguales y no se puede ser iguales sin ser igualmente libres de la necesidad. A nuestros hijos les ha tocado vivir en una sociedad consumista que alienta el individualismo a ultranza, con miras a convertirlos en sujetos cautivos de un consumo impuesto por grandes corporaciones. El individualismo per se, fomenta el desapego pues provoca que las personas piensen únicamente en la satisfacción de sus propias necesidades. Desafortunadamente, también los gobiernos parecieran servir únicamente a los intereses de un solo grupo, el de los más poderosos; olvidando a la gran mayoría de la población. Eso ha generado altísimos niveles de pobreza y, por consiguiente, mucha desesperanza.
La solidaridad no es un sistema político ni económico, sin embargo, podría describirse como un patrón de pensamiento mediante el cual resulta posible juzgar los resultados de los sistemas políticos y económicos. La solidaridad no es tampoco una ideología que pueda ser impuesta, si consideramos la imposición de ideologías como una forma de opresión. Por el contrario, ha de multiplicarse mediante la educación y el ejemplo. La solidaridad ayuda a mitigar el sufrimiento de otros al tiempo que nos ayuda a despojarnos del sentimiento de enajenación que, muchas veces, pareciera constituir un estilo de vida.
En los últimos años la solidaridad se ha convertido en un tema de moda, relacionado con la importancia del mejoramiento en el nivel de vida, así como de una mayor concienciación de la sociedad. En verdad, hoy existe una creciente demanda de solidaridad, junto a justicia, igualdad y libertad. Por ello vale la pena destacar que la solidaridad no designa únicamente la compasión por los sufrimientos de los demás, sino que exige un comportamiento ético y responsable en que las decisiones de cada individuo cobran una dimensión social además de personal. De ahí la importancia del papel que juega la educación en promover este tipo de solidaridad.
Deseamos recordarles que las acciones comunitarias de todo tipo, así como los programas sociales que se promueven en los planteles Alexander Bain son fundamentales en nuestros planes de estudio; constituyen una llamada al civismo, al respeto por las cosas, las plantas, los animales y, en especial, por las personas.
Conviene practicar y predicar la solidaridad, porque la falta de ésta revierte en una deficiente vida pública. Por ello, tanto padres de familia como maestros tenemos el compromiso de irles descubriendo a nuestros alumnos los intereses comunes de la sociedad en que anhelamos vivir.